lunes, 10 de junio de 2019

EL CARAVASAR

CAP. XXIII:    EL CARAVASAR 


     Y allí estaba, solo entre esa muchedumbre… ¿Cómo podía ser? Posiblemente sumasen entre ocho o diez lenguajes diferentes todas aquellas personas. No éramos más de unos cincuenta, tal vez sesenta, pero a todos nos unía un mismo destino: El Intercambio -y definitivamente arribar a Jotán-. 

     Tras haber recorrido en la última semana treinta y cuatro kilómetros con aquel hombre y su pequeña caravana -que conocí hace ya muchos meses- esencialmente lo que sentía era agotamiento físico, pero ello no frenaba ni por asombro la ansiedad que yo tenía por conocer aquel lugar y a las gentes que me rodeaban.  Por el sendero dejamos huellas perdidas -de posiblemente exploradores atrevidos o quizás de inconscientes viajeros- y decenas de esqueletos que mostraban la dificultad y la aridez del desierto, los animales en más de una ocasión requirieron de paradas y continuos suministros de agua, cuestión que ralentizó nuestro camino y entre las propias personas, existían en ocasiones, unas miradas profundas complementarías de un sentimiento de perdida. Pero definitivamente, tras varios días de retraso, al divisar en el horizonte esta construcción supimos que seguíamos según nuestros cálculos en el camino indicado. 
Además de las más de ocho lenguas que intercambiaban palabras, existían una infinidad de menudeces en las que cuidadosamente, poder detenerse, y observar: Unas jóvenes y unos niños alimentaban, limpiaban y cepillaban los animales que trataban de recuperar el trozo de vida perdido durante la última etapa, dos curtidores y un orfebre trabajaban bajo el duro sol para arreglar varias riendas de los animales de tiro, personas con vestimentas muy diversas entorno a una mesa jugaban a los dados mientras bebían un ardiente orujo, varios grupos de tres o cuatro personas comían sin reparo -aunque respetando, claro, las tradiciones de esas personas- cantidades de comida que yo no hubiese hecho en semanas, hombre mitificaban [gracias a la ayuda de  traductores e intérpretes] sus glorias y viajes y presumían de tener mercancías tan exóticas que los pudientes burócratas de Bagdad o que la descuidada nobleza europea ni hubieran podido soñar contemplar.

Ese espacio reducido que podría haber sido una gran posada italiana, era mucho más que una posada. Un microcosmos pacífico colmaba y dominaba aquel lugar ofreciendo a los viajeros casi una especial invitación para quedarse definitivamente tras un gran recorrido por las infinitas dunas y los picudos y cortantes salientes montañosos, definitivamente pude relajarme y sentirme como siempre: solo. Ese era un poco quizás el sentido de mi viaje, pero en mi carrera apremiaba en cuantiosas ocasiones la gratitud social y los placeres que esta podía ofrecerme: haberme negado en aquel lugar a interactuar hubiese sido en cierta forma negar la posibilidad de la paz y el intercambio cultural que existía en aquel lugar pese a las diferentes costumbres de la procedencia de cada uno. 











jueves, 24 de marzo de 2016







44

Cambiar de psiquiatra
es cambiar de vida;
Cambiar de pastillas
son nuevos aires.


PD: ¡TRY RED PILL!

47

De tu  negro interior; un extranjero.
Un Kafka descafeinado, por favor.


 51

Porque ese pezón
solo se lame una vez así.

59

Hay una vida paralela
que en el marco temporal
le saco tres días de ascensión.
                            ¿Por qué me envías mi pasado?



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domingo, 14 de febrero de 2016

VII.III

I.III

     Aquella mañana las nubes habían amanecido enfurecidas por el gris, a excepción de alguna muy suave grieta por la que la luz hacía alarde de su existencia. El viento azotaba soplado por Céfiro, y el agitado oleaje rompía contra las grandes rocas despeñadas con mayor fuerza que la que expresa la propia ley establecida por Newton. Algo había hecho de ese amanecer un recuerdo trágico para los habitantes de Dublin Bay.
     Si continúas la bahía dos kilómetros dirección contraria a la zona más comercial de esa parte de la capital irlandesa hay una senda que va paralela a los picados acantilados. Solo si te alejas de la feria y la playa podrás encontrar este lugar. La dirección de un grupo turístico de japoneses había decidido hacer esa ruta que dista unas cinco millas del punto más accesible en automóvil. A las 11:23 de la mañana de aquel Martes 13 de Abril uno de los turistas visto una extraña mancha entre el oleaje y lo que rápidamente identificó en su centro como un cuerpo desnudo. Todo el grupo japonés de las gorras amarillas así lo identificó.











jueves, 31 de diciembre de 2015

MARKETING DE DISIODOS COMPULSIVOS -Huellas de la ciudad-.

  
     Se ha vendido en estas fechas todo el pescado que debía venderse, y ella se pregunta: ¿Los gatos celebrarán las navidades en los contenedores con todas las raspas de las viejas señoras?

     Siempre atrajo a todo tipo de públicos su forma de persuadir, su trasfondo esotérico profesional y la malévola sonrisa que compartía con Jack Nicholson. Ojala alguien hubiese cerrado la puerta aquella noche, aquella noche. Conforme con los atroces acontecimientos venideros, se encerró en el bucle que suponía la incondicional creatividad. Llamadlo humilde soberbia o definitiva indecisión. Murakami, calcetos de semanas atrás y váteres atascados, hablaba consigo mismo, parafraseaba sus perladas y veía caer a las víctimas del cielo. La Santísima Trinidad vestida de luto. 

miércoles, 21 de octubre de 2015

62 SILOMISMOS




36  

Digno de estudio.

Como los crímenes pasionales 

o las plantas carnivoras   




37  

He firmado con Ketchup

mi redención más externa.. 

He utilizado Mostaza

para desinfectar mis heridas.   



38
  
¿En qué libros puedo 

hallar la Geografía del Mar?  

                                           La Isla Mínima



miércoles, 30 de septiembre de 2015

Ensalada con malta y kakfa.

  

 .     Un pequeño ídolo del viejo Egipto
 .     Una llamada telefónica inoportuna
 .     Un mechón de pelo del bigote de papá
 .     Un insignificante recorte de la página de sucesos locales
 .     Restos anónimos de esperma
 .     Un estéril resplandor
 .     Una edición descatalogada
 .
 .
 .



        En fin, creo que no se que más podría añadir a la lista. La insignificante lista de cómo prepararme un buen potaje. Antes los preparaba. Para nosotros, para vosotros, para ellos. Si sabes cómo prepararlos... ¿por qué ceñirte a los congelados del supermercado? Es fácil; ¿quién consigue unos ingredientes? El que los cosecha. ¿Y quién cosecha? La paciencia. La mayor de las gracias que nos impulsa a esa cicuta a la  que algunos son tan osados como para llamar vida. Otros, en cambio, prefieren redactar listas de la compra imposibles. Se imaginan: ¿Disculpe señorita dónde está la sección de los cuadros que nunca pinté?...

 -No, no, no. Mierda, nada de eso está bien. Volvamos a empezar: 

      Corto las venas, aso los gratos recuerdos y descongelo la paciencia.

-Ahora creo que si.

      Corto las venas, aso los gratos recuerdos y descongelo la paciencia. Es normal que los ojos te lloren pues la cebolla destapa esa caverna tan recóndita dónde algunos de tus vivencias más traumáticas han vivido durante años. Los colores de la verduras son los confeti que nunca te lanzaron y en medio del esperanzador verde de la ensalada una cucaracha fue a depositar sus estimadas liendres. Arroz con kafkas pasadas. Pasas que pasan de hablarte. De los cuchillos no te preocupes, no son lo que nos han contado son inofensivos, sobre todo por el lado del filo; caminar por él es andar entre las densas calles de la psique social. Si tienes fiebre usa tu Frost, si tienes frío no olvides la publicidad de Fagor. 

viernes, 26 de junio de 2015

   


         Me salvan las rojas y sonoras  tabletas de Kit-Kat y esas horas de espera y fuerza física que paso en el retrete en esa maldita y cómoda posición antinatural; quizás una sea consecuencia de la otra pero para mi suerte son La Redención. Un Ave María contemporáneo, una noche de San Juan en la hoguera o el nuevo videojuego para la XBOX 3.60 que tanto lleva esperando el mocoso de turno. No tengo la mínima constancia de a que me dedico, ni cuáles eran los objetivos… ¿Existen? ¿Los he tenido? No lo recuerdo o no quiero recordarlo, no lo se del todo. Pero ahora estoy totalmente limitado a este ejercicio de ama de casa que siempre me gustó y dinamizó la situación. Tú, en cambio: viajas. A México, a la mente del borracho del bar y los abismos de tu propia psicosis. O eso crees, más bien eso crees; pero tampoco es del todo así. Buscas ese billete para el aeropuerto que solo va a llevarte de ida a la madriguera del blanco conejo, en cambio, desconoces o olvidas que no hay billete de vuelta y que nada de lo que te enseñó el sombrero es lección para esta vida tan tangible y deshumanizada. 

domingo, 31 de mayo de 2015

Diarios de la tarde noche, a eso de las 19:37.

            Se deseó a si mismo fuera de aquel lugar tan recóndito, fuera de aquel tiempo en los que los segundos tanto pesaban, resultaba realmente una tarea meticulosa y difícil poder llegar a contarlos. Se imaginó a si mismo alejado. En cualquier lugar de la ciudad tomando una fría cerveza a la cálida luz del sol que iluminaba la época estival. Se encontraba contra la espada y la pared, o mejor especificado, la espalda contra la pared y frente a él todo aquel ejercito de rumanos que trabajaban para él. Evidentemente se habían confundido de hombre pero no habría forma ni manera alguna de explicárselo, era más fácil convencer a un rinoceronte de que intentase practicar el hula-hop, a que aquellos hombres tan tatuados y llenos de cicatrices escuchasen lo que tenía yo tenía que decirles. Estaba hasta el jodido cuello de mierda y no parecía que  hubiese optativa: O cantaba algo de lo que no tenía ni la más remota idea o aquellos tíos tan duros harían de mí picadillo que venderían a la mañana siguiente en cualquier esquina del barrio chino a cualquier confiada señora a ofertas especiales de los miércoles.

            Entonces entró él. Sonrisa truncada, gafas de sol tan oscuras como para emitir un destello, corbata granate con rombos, un resplandeciente traje blanco de seda y un enorme sombrero -del mismo color- del que quedaba sostenido un naipe francés. El nueve de diamantes. Una gran piel de zorro como la de las películas de mafiosos de Harlem colgaba sobre su cuello -más tarde gracias a mi amistad con Jessy descubriría que ese hombre se trataba de alguien conocido como El Nueve de Diamantes-. Tal nombre le vino a raíz de que eliminase a los nueve más grandes e importantes del tráfico de armas y estupefacientes de la ciudad en una gran cena de celebración a la que los había invitado con ánimo de reconciliación. La traición le costó el poder; otorgándose a sí tal nombre que a mi parecer me sorprendió y merecía tras semejante matanza.
       -No es él.

      -Pero Nueve; corresponde a la descripción que nos dio. 

      Un gran frío inundó la abandonada sala.

jueves, 12 de marzo de 2015

Megalomanía del patriota.


       Me encuentro atrapado entre una corriente social continua de pragmatismo y realidad tangible. Ahora bien; evidentemente el pensamiento mágico influencia de manera directa mí día a día de forma desproporcionada. Es un dejar de hacer por ver el gato cósmico de Nobita en el chucho mexicano de la señora de grandes gafas de sol y largo abrigo que veo todas las mañanas camino a la rutina -que realmente supone una decepción desventurada- diaria. 
      ¿Qué hacer cuando ves la luna reflejada en el espejo del baño? Recuerdo que no había ventanas en aquel lugar. Encriptar a través de la introversión tu código personal para ti y únicamente para ti; e intentar cumplir ese código de normas que incluso acaban por adicionarte y falsamente gustarte. Intenciones desposeídas por el juego de los estímulos tragicómicos. Mi superhéroe favorito es Banal-Man, si; coleccioné y compré uno por uno todos los fascículos en el quiosco del parque cada domingo por la  mañana junto a mi primogénito Érror. Se llama ilusión al amanecer, y decepción cuándo después de tantas horas me fusiono con las sábanas. Por suerte, ese es el momento de otro de mis ídolos favoritos. Me sopla y mece hacía esos mundos desconocidos pero que se encuentran en lo más profundo de mi interior. Nadas en contra de la corriente, un salmón. Un sabroso y delicioso salmón ahumado hace olvidar que hay entre las manos. No recuerdo haber utilizado tenedor y cuchillo para este plato anteriormente... No importa: el trabajo será más limpio. 

      

viernes, 6 de febrero de 2015

Huellas de mi ciudad.

     Entre el Barullo de la performance que ese famoso artista había montado delante del Duomo y mi percepción de la magnitud espacial de dicho edificio, apenas quedaba nada más a lo que prestar atención. Existían cientos de escenas cotidianas y pedantes como las que vivimos a diario: turistas realizando fotos, grupos de niños en excursión, parejas de enamorados sacados de comedias americanas, hombres que buscaban un imposible brillo al mármol de la plaza… Pero no; nada de eso iba a ser capaz registrar mi mente en esa mañana; no había espacio en ese momento para la antropología ni la sociología. En esta ocasión tenía claro dejarlas de lado y dar la espalda a todo lo que creía ser. Lo de la vocación voyeur y el confidencialismo social se desplomaban como el pichón alcanzado por el vástago cazador cuándo se dispone a alzar el vuelo.  En los pináculos se acumulaban cientos de palomas que no quería ver, en las esquinas hombres repartían folletos con publicidad que no era capaz de recoger. Lo que un día no quise abandonar y hoy he hecho.
Quizás nos habíamos cruzado mil veces por delante del Duomo antes, pero no nos habíamos reconocido o inconscientemente lo habíamos evitado -como he dicho, siempre se encuentra saturado de estimulaciones que hacen que uno pierda la conciencia de sí mismo-. Era una mañana fría y por fin tras varias semanas de auténtico frío invernal había salido el reluciente sol; las vidrieras de los grandes edificios proyectaban el azul casi turquesa que caracteriza a esta ciudad en los pocos días al año en el que al dios sol de los celtas se deja ver la espalda. Y yo vi tu espalda; y como no, me abalancé sobre ella. Una larga chaqueta, pero yo vi tu espalda. Llevabas la capucha puesta, pero yo vi tu espalda. Siempre me recordó a una de las gracias que pintó Annibale Carracci para la Galería Farnesio y por desgracia durante la universidad tuvimos que hacer un proyecto sobre ella, cómo olvidar esa maldita exaltación física de lo sobrehumano. Te pregunté. 

sábado, 15 de noviembre de 2014

AQUARIUM

“Hubo muchas contiendas tras la decadencia que provocó en nuestras vidas los cambios alimenticios y vitales que creó el todavía recordado Dr. Pudovkin. La muerte tocaba con sus frías manos a nuestras débiles puertas (siempre acompañada de los representantes de las pequeñas provincias-estado que se crearon tras el abandono del mundo siperior). Abajo nadie hacía por percibir el sufrimiento y las atrocidades que se estaban cometiendo en el mundo terrestre. Arriba levantábamos nuestros rastrillos, hoces  y guadañas en balde.”
                                                                                              Un agricultor de Marsella

            La luz que emitían los fondos oceánicos se podía contemplar desde la ya abandonada Estación Espacial Internacional que construyó el viejo país soviético en la órbita terrestre en el último tercio del S.XX. El brillo irradiaba parte de las aguas creando formas geométricas conectadas entre sí por finas líneas -las cuales resultan ser las autovías acuáticas modernas que conectan unas estaciones subacuáticas con otras-. La arquitectura que se desarrolló usaba el cristal y el metal como materiales principales, imitaba formas tomadas e inspiradas directamente de los templos orientales hindúes; bases finas muy estilizadas y habitáculos superiores dónde se desempeñaban las funciones diarias más rutinarias. Bajo las aguas hay grandes naves dónde se produce lo necesario para desarrollar la nueva sociedad; naves-escuela, naves-factoría, naves-comerciales… Todo lo que conocíamos trasladado a un ámbito atmosférico muy diferente.

La contaminación dejó de importar años atrás, nadie mencionaba lo que ocurría en el mundo de arriba; la superpoblación que el planeta vivía durante los principios del S.XXI dejó de ser un problema. El oxígeno se produce de forma artificial aprovechando la base molecular de cierto tipo de plantas acuáticas  que solo crecen en las fosas más profundas del Pacífico. Las placas tectónicas y chimeneas volcánicas ofrecen la energía térmica necesaria para calentar e iluminar el diseño del nuevo mundo subacuático. 

sábado, 1 de noviembre de 2014

Huellas de mi ciudad.

             Desde que el profesor Robert Pudovkin alteró la naturaleza olfativa de las apariencias, el mundo que conocíamos dejó de existir. En un principio hubo muchas disputas; grandes empresas de perfumes francesas se lanzaron réplicas sobre el por que de aquellos principios tan básicos y que nunca habían sido capaces de sintetizar. Restaurantes con sucursales a nivel internacional dejaron de  preparar sus productos de manera tradicional y comenzaron a utilizar ingredientes con formas insospechadas con anterioridad. Todos los productos se manipulaban. En efecto, tras las investigaciones y descubrimientos que llevo a cabo el profesor Pudovkin nació la conocida “Era del Gusto y el Olfato” que se extiende hasta este día en el que apenas nada de lo que conocíamos existe.




domingo, 12 de octubre de 2014

Carta para un auxiliar social XIII




                Eres un dolor de cabeza continuo, no aguanto más. Convivir contigo es como pasar el tiempo frente a un film infinito de Griffith. No hay duda, lo que fue divertido ahora es incompresible pues empiezo a ver lo realmente chalado que estás. Esto es insoportable Miki, ahora ya no quiero verte por las mañanas ni ofrecerte unas deliciosas tostadas de mermelada de moras. Se acabó el recoger tus hojas y el sacar a tu perro de casa. Recuerdo cuándo tú presumías de lo fácil que era una convivencia, cuándo el regresar de fiesta no era más que el comienzo de la aventura esperada… Pero ya no es así, ahora el mundo se me cae como si todo el planeta sufriese Lepra y tú no eres más que distancia y desconocimiento; un auténtico abismo al que me asomo y me devuelve la mirada paralizándome por completo. Te amo y te odio, directamente observo tu rostro pero siento esa maldita necesidad de apartar la vista. Ese superar la eterna cuesta del: “Podré subir, podré subir, podré subir…” pero que jamás muestra la nevada cima, un eterno buscar en el Jardín de las Hespérides. No. Ni yo soy Heracles ni tú eres califa de una taifa medieval hispánica. En esta senda ahora hay una bifurcación; por un lado el camino de la izquierda colinda con la peligrosa y protegida cerca de la monotonía y por el otro camino solo veo en el horizonte el gélido estanque de la incomprensión y la marginación.

miércoles, 1 de octubre de 2014


 No voy al dentista;
aunque la boca duela.
Traigo lágrimas negras y olores suecos.
Huesos del Alzheimer,
están guisados por la abuela.
Polvo y desdén; recursos en piedras.
Angustias aceleradas;
fin de esta escalera.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Huellas de mi ciudad.




                Realmente me estaba atrayendo. Sí mi mujer hubiera estado presente y lo hubiese presenciado; probablemente me hubiese echado en ese mismo momento [sin dudarlo el menor instante] de su casa. Pero por suerte para mí, estaba en uno de sus infinitos viajes de negocios por el Norte de América, conversando y disfrutando de la gente influyente dentro del mundo de la moda y del Arte. Probablemente hubiese madrugado y estuviese en una de sus innumerables visitas en el MOMA´s de New York haciéndose pasar por la más Snob de todos. Al contrario, yo había estado trasnochando y todavía no había llegado el momento de reunirse con Morpheo. Estaba influenciado por las Anfetas y la destilación Londinense de más de 10 años. El sol; entraba entre las rendijas de la vieja persiana de madera, proyectaba sobre la violeta funda del edredón de plumas esa secuencia lineal lumínica que todos conocemos y hemos visto muchas de las mañana al despertar. Me encontraba reposado, fumando tabaco rubio sin parar. Un pito tras otro. Entre los pocos rayos que podían pasar a la habitación, el humo de mi pitillo realizaba una danza magnifica que parecía sincronizarse con el movimiento de cuerpos que había presentes y con los delicados juegos de luces. Parecía que alguien estuviese al frente de aquel tan magnífico espectáculo lumínico. Sentado en la cama, apoyando mi espalda sobre el reposacabezas, observo. Observo. A los pies de mi cama se encuentran esas dos personas que he traído a casa esta mañana con tal de no sentirme solo y desgraciado, por no recordar que no fui capaz de compartir los gustos de Jannis, ni de adaptarme a los ritmos sociales normales. Mierda, ¿qué estoy observando? Como dos personas se besan, se lamen, se restriegan en mi propia cama [como si de magnetismo se tratase]. Extrañamente me está atrayendo y gustando. Un total vouyer, un detective social, un historiador contemporáneo, un hijo de la descomposición natural orgánica.

lunes, 14 de julio de 2014

Huellas de mi ciudad.

        Entre en el tumulto y el barullo de este centro de salud público no hay manera de que alguien consiga concentrarse en la situación que se está viviendo. Señoras que despilfarran el tiempo con comentarios burlescos absurdos y con conversaciones de personajes públicos decadentes. Niños que lloran deseando salir de ese lugar con olores tan estériles y químicos. Eustaquio quedó con Kevin para ir con el balón, y ahora sabe que no acudirá a su cita por la aglomeración de gente que no ha entrado todavía y que en la lista de espera tenían citas estipuladas previamente a la suya. El entorno es claro y frío; azulejos grises con una pequeña franja verde a media altura. Colores tranquilos que ocultan los nervios de familiares tras esas azules puertas de madera. Una enfermera grita un nombre, más tarde otro, y así sucesivamente durante el tiempo en el que transcurre su jornada. Para estar enfermos o tener algún tipo de preocupación clínica; la gran parte no lo aparenta -me autosugestiono perdiendo cada vez un poco más los hilos morales-. Un teléfono suena mientras leo el cartel de "Gracias por apagar sus teléfonos". Un hombre mayor responde a voces y pienso que puede ser algún familiar cercano por la conversación que mantienen. Han nombrado algo acerca del médico y de su poca prisa por trabajar. También algo sobre la comida familiar del Sábado. Tercera edad que colapsa la sanidad. Pierdo los papeles. Llevo probablemente unas 60 páginas más de las que había calculado leer durante la estancia y un psicoanálisis meticuloso hasta de las manchas de los zapatos de tacón rojo que porta esa señora del vestido de rayas blancas y negras con escote y cadenilla de oro.
        Nada se mueve, todo transcurre y mi turno ha llegado.
        El zumo está en su punto, las vitaminas se oxidan con el contacto directo del aire, pero yo doy un muy fuerte trago. El ardiente café humea, asoció ese hecho con las ganas de fumar. En esta cafetería hay demasiadas malas caras. Quizás han recibido en ese maldito centro de salud malas noticias por parte de algún doctor insensible. También hay gente normal que toma su café a dispensas de la soledad y la monotonía, se observa en sus gestos repetidos y calculados. La camarera no atiende al anciano hombre que ya no le queda voz, está distraída con un SmartPhone y el servicio de mensajería instantánea. Yo sigo sin poder concertarme; es extraño que no pueda hacerlo,  éste es el tipo de sitios en los que puedo concentrarme sin problemas y aún así me encuentro nervioso. Mi estómago es el estrecho de Bering en la última glaciación que se derrite con cada sorbo de ardiente café. Creo que las analíticas no me adelantaran ninguna nueva. La pesadez física que me ciega viene dada en función a las patologías psíquicas que probablemente sufra. Nada es incurable para estos chamanes del Subtrópico de Cáncer.


lunes, 7 de julio de 2014

De cómo la muerte se convirtió en La Obra.

¿Y qué es el recuerdo? A veces lo vemos muy claro, se nos presenta con evidencia ante nuestros ojos cerrados. Suele traernos sensaciones; acompañadas de arduos escalofríos o de tenues alegrías. Un sinfín de situaciones temporales proyectadas en los Yelmo Cineplex de nuestras pupilas. Mundos reflejados que escapan de lo presente y lo cotidiano. Tan alejados de lo terreno como utopías arquitectónicas renacentistas. Un pensamiento circular te atrapa; viajas con él, viajas sobre él. Es como recorrerte a ti mismo en globo a lo largo de 80 días. Sendas exóticas que explorar en busca de lo que crees haber experimentado. Lugares tan desconocidos para el individuo como para la Geografía más desarrollada. Arqueólogos en una intensa búsqueda infinita a través de Google Earth. Hallas ese algo; ese algo que te inunda por completo y te hace suspirar. Se detiene.  Suspiras como lo haría un cardiólogo frente a esa operación tan arriesgada y en ese instante -sólo podría  ser en ese instante-, te encuentras. No sabes dónde ni cómo pero estás por completo sumergido en el océano de tus emociones. Resulta ser un paraje oscuro pero tú lo aprecias con claridad. Es la verde esperanza de los bosques al alcance de tus delicadas y frías yemas. Un acceso directo al panel de control y al historial de búsquedas clandestinas personales.  

Pausadamente se regresa, se reconoce lo observado y se profundiza en lo asociado. Jamás existió la clarividencia hasta en ese momento en el que pozo todo se sumerge y vislumbra de en función a lo tan claro.

miércoles, 4 de junio de 2014

Huellas de mi ciudad.

       La realidad comenzó y se forjó entre esas cuatro paredes cerradas con húmedos olores y pinturas grises más que desgastadas. Las manchas creaban formas semejantes a las de la casa de Belmez;  incluso se podría distinguir un cielo de tormenta en esa gama de grises. Las ratoneras hacía días que no atrapaban a ningún roedor de larga cola y bello corto, el queso Edam evocaba a cierto tipo de queso francés y de él comenzaban a florecer microorganismos de colores verdes, su mundo inteligible no había estado más que viajando y cociéndose como si de un estofado de ternera con verduras en la olla a presión se tratase. Podía sentir el humo de dentro de su cabeza. Podía sentirse la tensión; sería capaz  incluso llegar a mascarla como si un chicle Orbit fuese, pura elasticidad formal con fragancia a Eucapliptus industrial. El Señor Pallini trabajaba en aquel pequeño cuchitril cinco días a la semana para descansar dos. Limpiar ventanas, cambiar grifos, barrer sucias esquinas, despegar pegatinas, soportar quejas de estúpidos indecentes catedráticos, colocar carteles... Le resultaba rutinario y pesado abordar esas labores día tras día a dispensas de la creatividad que él sabía que cargaban sus espaldas. Una mochila llena de ingenio que era hora de abrir y vaciar. Demasiado tiempo planeando abrir esa cremallera. Años trabajando y observando en ese lugar le habían permitido adquirir las concepciones suficientes como para poder elaborar el plan al que tanto tiempo había dedicado, un plan basado en artísticas estratagemas y minuciosos cálculos sociales. Alumnos pasaban por los pasillos cambiando año tras año. Había visto culturas urbanas pasar y volver. Había relacionado modas de décadas anteriores con movimientos contraculturales actuales y nadie había escuchado jamás sus fieles y reflexionadas palabras. Nunca había sido posible llevar una convivencia adecuada con nadie y probablemente viniese dado por sus pensamientos constantes en círculo. Una duda le abordaba de manera continuada el intelecto: ¿conseguiría culninar la obra definitiva a pesar del dolor que iba a causar?.

jueves, 29 de mayo de 2014

Nada mejor por la mañana que tomarse un café.

-Lo mio nunca fue la comida servida en plato sobre una mesa llena de comensales, ya me conoces.

-No, te equivocas de nuevo. Nunca supiste ni comer ni convivir con nadie.

-No es cierto, y déjame que termine de arreglar esta maldita aspiradora. Creo que deberíamos comprar una nueva.

-Lo peor de todo esto es que llames Monsters a esa gente que ni conoces... Eres capaz de juzgar gratuitamente. Tus endiablados juicios de valor estereotipados. Lo haces incluso con los que están contigo compartiendo rutina doméstica. Mírame si no a mí, ¿cuántas veces me has tachado de "madre"?

-Pero éso es muy distinto. Tu siempre estás detrás de mí. En casa, en los paseos por el centro... Incluso me ha llegado a sonar el Smarthphone en el trabajo mientras estaba en el baño, simplemente para asegurarte de que había sacado la ropa de la lavadora.

-Solo tengo interés y preocupación. Me duele que no te des cuenta.

-Claro Sussana... Siempre presumes de ello y ahora que intento contarte por que no quiero asistir a ese lugar eres capaz de arañar en la parte personal que más me duele.

-Siempre presumes de tu capacidad de adaptación, ¿por que no lo haces ahora?. ¿Recuerdas el día en el que recogimos a aquella niña en la carretera volviendo de aquella feria del pescado? Pues al llegar a su casa y ver a su despreocupada madre; recordé que había asistido al colegio conmigo y sentí una rabia inmensa. Nunca te lo conté porque hubieses querido saber de ella y yo probablemente hubiese acabado denunciando a esa señora de la que todavía recuerdo el nombre.

-Lo recuerdo y te noté en la expresión que sabías más de lo que me querías contar. Se más de ellos de lo que crees también, de esos malditos snopes. Así que si tienes que ir: ve subiéndote al ascensor de tus tacones y déjame continuar con lo que creo que es imposible de arreglar. Quizás a la hora del café aparezca por donde quiera que vayáis tras el dichoso restaurante. Ya irán un tanto bebidos y para mí será más divertido.

-A éso me refiero, a esa prepotencia inconsciente que irradias, es una radiación que desquiciaría  a cualquiera. No se que más hacer. Todo esto va más allá de la comida y las identidades de todas esas gentes...

-No lo comprendes. No necesito a nadie solo por obligaciones sociales, nunca me gustaron. También es más trascendente...



miércoles, 21 de mayo de 2014


Tesituras de Ovidio que olvido,
metamorfosis.
Polvo y desdén.
Anhelo olor intimidad,
tiempo, polvo, desdén, metamorfosis.
Imposible deseo, extrañas comprensiones de lo idealizado.
Lujuria sin tiempo, polvo, desdén.
Café largo sin azúcar para ese tabaco rubio.