domingo, 12 de octubre de 2014

Carta para un auxiliar social XIII




                Eres un dolor de cabeza continuo, no aguanto más. Convivir contigo es como pasar el tiempo frente a un film infinito de Griffith. No hay duda, lo que fue divertido ahora es incompresible pues empiezo a ver lo realmente chalado que estás. Esto es insoportable Miki, ahora ya no quiero verte por las mañanas ni ofrecerte unas deliciosas tostadas de mermelada de moras. Se acabó el recoger tus hojas y el sacar a tu perro de casa. Recuerdo cuándo tú presumías de lo fácil que era una convivencia, cuándo el regresar de fiesta no era más que el comienzo de la aventura esperada… Pero ya no es así, ahora el mundo se me cae como si todo el planeta sufriese Lepra y tú no eres más que distancia y desconocimiento; un auténtico abismo al que me asomo y me devuelve la mirada paralizándome por completo. Te amo y te odio, directamente observo tu rostro pero siento esa maldita necesidad de apartar la vista. Ese superar la eterna cuesta del: “Podré subir, podré subir, podré subir…” pero que jamás muestra la nevada cima, un eterno buscar en el Jardín de las Hespérides. No. Ni yo soy Heracles ni tú eres califa de una taifa medieval hispánica. En esta senda ahora hay una bifurcación; por un lado el camino de la izquierda colinda con la peligrosa y protegida cerca de la monotonía y por el otro camino solo veo en el horizonte el gélido estanque de la incomprensión y la marginación.

miércoles, 1 de octubre de 2014


 No voy al dentista;
aunque la boca duela.
Traigo lágrimas negras y olores suecos.
Huesos del Alzheimer,
están guisados por la abuela.
Polvo y desdén; recursos en piedras.
Angustias aceleradas;
fin de esta escalera.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Huellas de mi ciudad.




                Realmente me estaba atrayendo. Sí mi mujer hubiera estado presente y lo hubiese presenciado; probablemente me hubiese echado en ese mismo momento [sin dudarlo el menor instante] de su casa. Pero por suerte para mí, estaba en uno de sus infinitos viajes de negocios por el Norte de América, conversando y disfrutando de la gente influyente dentro del mundo de la moda y del Arte. Probablemente hubiese madrugado y estuviese en una de sus innumerables visitas en el MOMA´s de New York haciéndose pasar por la más Snob de todos. Al contrario, yo había estado trasnochando y todavía no había llegado el momento de reunirse con Morpheo. Estaba influenciado por las Anfetas y la destilación Londinense de más de 10 años. El sol; entraba entre las rendijas de la vieja persiana de madera, proyectaba sobre la violeta funda del edredón de plumas esa secuencia lineal lumínica que todos conocemos y hemos visto muchas de las mañana al despertar. Me encontraba reposado, fumando tabaco rubio sin parar. Un pito tras otro. Entre los pocos rayos que podían pasar a la habitación, el humo de mi pitillo realizaba una danza magnifica que parecía sincronizarse con el movimiento de cuerpos que había presentes y con los delicados juegos de luces. Parecía que alguien estuviese al frente de aquel tan magnífico espectáculo lumínico. Sentado en la cama, apoyando mi espalda sobre el reposacabezas, observo. Observo. A los pies de mi cama se encuentran esas dos personas que he traído a casa esta mañana con tal de no sentirme solo y desgraciado, por no recordar que no fui capaz de compartir los gustos de Jannis, ni de adaptarme a los ritmos sociales normales. Mierda, ¿qué estoy observando? Como dos personas se besan, se lamen, se restriegan en mi propia cama [como si de magnetismo se tratase]. Extrañamente me está atrayendo y gustando. Un total vouyer, un detective social, un historiador contemporáneo, un hijo de la descomposición natural orgánica.

lunes, 14 de julio de 2014

Huellas de mi ciudad.

        Entre en el tumulto y el barullo de este centro de salud público no hay manera de que alguien consiga concentrarse en la situación que se está viviendo. Señoras que despilfarran el tiempo con comentarios burlescos absurdos y con conversaciones de personajes públicos decadentes. Niños que lloran deseando salir de ese lugar con olores tan estériles y químicos. Eustaquio quedó con Kevin para ir con el balón, y ahora sabe que no acudirá a su cita por la aglomeración de gente que no ha entrado todavía y que en la lista de espera tenían citas estipuladas previamente a la suya. El entorno es claro y frío; azulejos grises con una pequeña franja verde a media altura. Colores tranquilos que ocultan los nervios de familiares tras esas azules puertas de madera. Una enfermera grita un nombre, más tarde otro, y así sucesivamente durante el tiempo en el que transcurre su jornada. Para estar enfermos o tener algún tipo de preocupación clínica; la gran parte no lo aparenta -me autosugestiono perdiendo cada vez un poco más los hilos morales-. Un teléfono suena mientras leo el cartel de "Gracias por apagar sus teléfonos". Un hombre mayor responde a voces y pienso que puede ser algún familiar cercano por la conversación que mantienen. Han nombrado algo acerca del médico y de su poca prisa por trabajar. También algo sobre la comida familiar del Sábado. Tercera edad que colapsa la sanidad. Pierdo los papeles. Llevo probablemente unas 60 páginas más de las que había calculado leer durante la estancia y un psicoanálisis meticuloso hasta de las manchas de los zapatos de tacón rojo que porta esa señora del vestido de rayas blancas y negras con escote y cadenilla de oro.
        Nada se mueve, todo transcurre y mi turno ha llegado.
        El zumo está en su punto, las vitaminas se oxidan con el contacto directo del aire, pero yo doy un muy fuerte trago. El ardiente café humea, asoció ese hecho con las ganas de fumar. En esta cafetería hay demasiadas malas caras. Quizás han recibido en ese maldito centro de salud malas noticias por parte de algún doctor insensible. También hay gente normal que toma su café a dispensas de la soledad y la monotonía, se observa en sus gestos repetidos y calculados. La camarera no atiende al anciano hombre que ya no le queda voz, está distraída con un SmartPhone y el servicio de mensajería instantánea. Yo sigo sin poder concertarme; es extraño que no pueda hacerlo,  éste es el tipo de sitios en los que puedo concentrarme sin problemas y aún así me encuentro nervioso. Mi estómago es el estrecho de Bering en la última glaciación que se derrite con cada sorbo de ardiente café. Creo que las analíticas no me adelantaran ninguna nueva. La pesadez física que me ciega viene dada en función a las patologías psíquicas que probablemente sufra. Nada es incurable para estos chamanes del Subtrópico de Cáncer.


lunes, 7 de julio de 2014

De cómo la muerte se convirtió en La Obra.

¿Y qué es el recuerdo? A veces lo vemos muy claro, se nos presenta con evidencia ante nuestros ojos cerrados. Suele traernos sensaciones; acompañadas de arduos escalofríos o de tenues alegrías. Un sinfín de situaciones temporales proyectadas en los Yelmo Cineplex de nuestras pupilas. Mundos reflejados que escapan de lo presente y lo cotidiano. Tan alejados de lo terreno como utopías arquitectónicas renacentistas. Un pensamiento circular te atrapa; viajas con él, viajas sobre él. Es como recorrerte a ti mismo en globo a lo largo de 80 días. Sendas exóticas que explorar en busca de lo que crees haber experimentado. Lugares tan desconocidos para el individuo como para la Geografía más desarrollada. Arqueólogos en una intensa búsqueda infinita a través de Google Earth. Hallas ese algo; ese algo que te inunda por completo y te hace suspirar. Se detiene.  Suspiras como lo haría un cardiólogo frente a esa operación tan arriesgada y en ese instante -sólo podría  ser en ese instante-, te encuentras. No sabes dónde ni cómo pero estás por completo sumergido en el océano de tus emociones. Resulta ser un paraje oscuro pero tú lo aprecias con claridad. Es la verde esperanza de los bosques al alcance de tus delicadas y frías yemas. Un acceso directo al panel de control y al historial de búsquedas clandestinas personales.  

Pausadamente se regresa, se reconoce lo observado y se profundiza en lo asociado. Jamás existió la clarividencia hasta en ese momento en el que pozo todo se sumerge y vislumbra de en función a lo tan claro.

miércoles, 4 de junio de 2014

Huellas de mi ciudad.

       La realidad comenzó y se forjó entre esas cuatro paredes cerradas con húmedos olores y pinturas grises más que desgastadas. Las manchas creaban formas semejantes a las de la casa de Belmez;  incluso se podría distinguir un cielo de tormenta en esa gama de grises. Las ratoneras hacía días que no atrapaban a ningún roedor de larga cola y bello corto, el queso Edam evocaba a cierto tipo de queso francés y de él comenzaban a florecer microorganismos de colores verdes, su mundo inteligible no había estado más que viajando y cociéndose como si de un estofado de ternera con verduras en la olla a presión se tratase. Podía sentir el humo de dentro de su cabeza. Podía sentirse la tensión; sería capaz  incluso llegar a mascarla como si un chicle Orbit fuese, pura elasticidad formal con fragancia a Eucapliptus industrial. El Señor Pallini trabajaba en aquel pequeño cuchitril cinco días a la semana para descansar dos. Limpiar ventanas, cambiar grifos, barrer sucias esquinas, despegar pegatinas, soportar quejas de estúpidos indecentes catedráticos, colocar carteles... Le resultaba rutinario y pesado abordar esas labores día tras día a dispensas de la creatividad que él sabía que cargaban sus espaldas. Una mochila llena de ingenio que era hora de abrir y vaciar. Demasiado tiempo planeando abrir esa cremallera. Años trabajando y observando en ese lugar le habían permitido adquirir las concepciones suficientes como para poder elaborar el plan al que tanto tiempo había dedicado, un plan basado en artísticas estratagemas y minuciosos cálculos sociales. Alumnos pasaban por los pasillos cambiando año tras año. Había visto culturas urbanas pasar y volver. Había relacionado modas de décadas anteriores con movimientos contraculturales actuales y nadie había escuchado jamás sus fieles y reflexionadas palabras. Nunca había sido posible llevar una convivencia adecuada con nadie y probablemente viniese dado por sus pensamientos constantes en círculo. Una duda le abordaba de manera continuada el intelecto: ¿conseguiría culninar la obra definitiva a pesar del dolor que iba a causar?.

jueves, 29 de mayo de 2014

Nada mejor por la mañana que tomarse un café.

-Lo mio nunca fue la comida servida en plato sobre una mesa llena de comensales, ya me conoces.

-No, te equivocas de nuevo. Nunca supiste ni comer ni convivir con nadie.

-No es cierto, y déjame que termine de arreglar esta maldita aspiradora. Creo que deberíamos comprar una nueva.

-Lo peor de todo esto es que llames Monsters a esa gente que ni conoces... Eres capaz de juzgar gratuitamente. Tus endiablados juicios de valor estereotipados. Lo haces incluso con los que están contigo compartiendo rutina doméstica. Mírame si no a mí, ¿cuántas veces me has tachado de "madre"?

-Pero éso es muy distinto. Tu siempre estás detrás de mí. En casa, en los paseos por el centro... Incluso me ha llegado a sonar el Smarthphone en el trabajo mientras estaba en el baño, simplemente para asegurarte de que había sacado la ropa de la lavadora.

-Solo tengo interés y preocupación. Me duele que no te des cuenta.

-Claro Sussana... Siempre presumes de ello y ahora que intento contarte por que no quiero asistir a ese lugar eres capaz de arañar en la parte personal que más me duele.

-Siempre presumes de tu capacidad de adaptación, ¿por que no lo haces ahora?. ¿Recuerdas el día en el que recogimos a aquella niña en la carretera volviendo de aquella feria del pescado? Pues al llegar a su casa y ver a su despreocupada madre; recordé que había asistido al colegio conmigo y sentí una rabia inmensa. Nunca te lo conté porque hubieses querido saber de ella y yo probablemente hubiese acabado denunciando a esa señora de la que todavía recuerdo el nombre.

-Lo recuerdo y te noté en la expresión que sabías más de lo que me querías contar. Se más de ellos de lo que crees también, de esos malditos snopes. Así que si tienes que ir: ve subiéndote al ascensor de tus tacones y déjame continuar con lo que creo que es imposible de arreglar. Quizás a la hora del café aparezca por donde quiera que vayáis tras el dichoso restaurante. Ya irán un tanto bebidos y para mí será más divertido.

-A éso me refiero, a esa prepotencia inconsciente que irradias, es una radiación que desquiciaría  a cualquiera. No se que más hacer. Todo esto va más allá de la comida y las identidades de todas esas gentes...

-No lo comprendes. No necesito a nadie solo por obligaciones sociales, nunca me gustaron. También es más trascendente...