Me salvan las rojas y sonoras tabletas de Kit-Kat y esas horas de espera y fuerza física que paso en el
retrete en esa maldita y cómoda posición antinatural; quizás una sea consecuencia de la otra pero para mi suerte son La Redención. Un Ave María contemporáneo, una noche de San Juan en la hoguera o el
nuevo videojuego para la XBOX 3.60 que tanto lleva esperando el mocoso de turno. No tengo la mínima constancia de a que me dedico, ni cuáles eran
los objetivos… ¿Existen? ¿Los he tenido? No lo recuerdo o no quiero recordarlo, no lo se del todo. Pero ahora estoy totalmente limitado a este ejercicio de ama de casa que
siempre me gustó y dinamizó la situación. Tú, en cambio: viajas. A México, a la mente del borracho del bar y los abismos de tu propia psicosis. O eso crees, más bien eso crees; pero tampoco es del todo así.
Buscas ese billete para el aeropuerto que solo va a llevarte de ida a la madriguera del blanco conejo, en
cambio, desconoces o olvidas que no hay billete de vuelta y que nada de lo que
te enseñó el sombrero es lección para esta vida tan tangible y deshumanizada.
viernes, 26 de junio de 2015
domingo, 31 de mayo de 2015
Diarios de la tarde noche, a eso de las 19:37.
Se deseó a si mismo fuera de aquel lugar tan recóndito,
fuera de aquel tiempo en los que los segundos tanto pesaban, resultaba
realmente una tarea meticulosa y difícil poder llegar a contarlos. Se imaginó a
si mismo alejado. En cualquier lugar de la ciudad tomando una fría cerveza a la
cálida luz del sol que iluminaba la época estival. Se encontraba contra la
espada y la pared, o mejor especificado, la espalda contra la pared y frente a
él todo aquel ejercito de rumanos que trabajaban para él. Evidentemente se
habían confundido de hombre pero no habría forma ni manera alguna de
explicárselo, era más fácil convencer a un rinoceronte de que intentase
practicar el hula-hop, a que aquellos hombres tan tatuados y llenos de
cicatrices escuchasen lo que tenía yo tenía que decirles. Estaba hasta el
jodido cuello de mierda y no parecía que
hubiese optativa: O cantaba algo de lo que no tenía ni la más remota
idea o aquellos tíos tan duros harían de mí picadillo que venderían a la mañana
siguiente en cualquier esquina del barrio chino a cualquier confiada señora a
ofertas especiales de los miércoles.
Entonces entró él. Sonrisa truncada, gafas de sol tan
oscuras como para emitir un destello, corbata granate con rombos, un
resplandeciente traje blanco de seda y un enorme sombrero -del mismo color- del
que quedaba sostenido un naipe francés. El nueve de diamantes. Una gran piel de
zorro como la de las películas de mafiosos de Harlem colgaba sobre su cuello -más
tarde gracias a mi amistad con Jessy descubriría que ese hombre se trataba de
alguien conocido como El Nueve de Diamantes-. Tal nombre le vino a raíz de que
eliminase a los nueve más grandes e importantes del tráfico de armas y
estupefacientes de la ciudad en una gran cena de celebración a la que los había
invitado con ánimo de reconciliación. La traición le costó el poder;
otorgándose a sí tal nombre que a mi parecer me sorprendió y merecía tras
semejante matanza.
-No es él.
-Pero Nueve; corresponde
a la descripción que nos dio.
Un gran frío inundó la abandonada sala.
jueves, 12 de marzo de 2015
Megalomanía del patriota.
Me encuentro atrapado entre una
corriente social continua de pragmatismo y realidad tangible. Ahora bien;
evidentemente el pensamiento mágico influencia de manera directa mí día a día
de forma desproporcionada. Es un dejar de hacer por ver el gato cósmico de
Nobita en el chucho mexicano de la señora de grandes gafas de sol y largo
abrigo que veo todas las mañanas camino a la rutina -que realmente supone una
decepción desventurada- diaria.
¿Qué hacer cuando ves la luna reflejada en el
espejo del baño? Recuerdo que no había ventanas en aquel lugar. Encriptar a
través de la introversión tu código personal para ti y únicamente para ti; e
intentar cumplir ese código de normas que incluso acaban por adicionarte y
falsamente gustarte. Intenciones desposeídas por el juego de los estímulos
tragicómicos. Mi superhéroe favorito es Banal-Man, si; coleccioné y compré
uno por uno todos los fascículos en el quiosco del parque cada domingo por
la mañana junto a mi primogénito Érror. Se
llama ilusión al amanecer, y decepción cuándo después de tantas horas me fusiono
con las sábanas. Por suerte, ese es el momento de otro de mis ídolos favoritos. Me sopla y mece hacía esos mundos desconocidos pero que se encuentran en lo más profundo de mi interior. Nadas
en contra de la corriente, un salmón. Un sabroso y delicioso salmón ahumado
hace olvidar que hay entre las manos. No recuerdo haber utilizado tenedor y cuchillo para este plato anteriormente... No importa: el trabajo será más limpio.
viernes, 6 de febrero de 2015
Huellas de mi ciudad.
Entre
el Barullo de la performance que ese famoso artista había montado delante del
Duomo y mi percepción de la magnitud espacial de dicho edificio, apenas quedaba
nada más a lo que prestar atención. Existían cientos de escenas cotidianas y
pedantes como las que vivimos a diario: turistas realizando fotos, grupos de
niños en excursión, parejas de enamorados sacados de comedias americanas,
hombres que buscaban un imposible brillo al mármol de la plaza… Pero no; nada
de eso iba a ser capaz registrar mi mente en esa mañana; no había espacio en
ese momento para la antropología ni la sociología. En esta ocasión tenía claro
dejarlas de lado y dar la espalda a todo lo que creía ser. Lo de la vocación
voyeur y el confidencialismo social se desplomaban como el pichón alcanzado por
el vástago cazador cuándo se dispone a alzar el vuelo. En los pináculos se acumulaban cientos de
palomas que no quería ver, en las esquinas hombres repartían folletos con
publicidad que no era capaz de recoger. Lo que un día no quise abandonar y hoy
he hecho.
Quizás nos habíamos
cruzado mil veces por delante del Duomo antes, pero no nos habíamos reconocido o
inconscientemente lo habíamos evitado -como he dicho, siempre se encuentra
saturado de estimulaciones que hacen que uno pierda la conciencia de sí mismo-.
Era una mañana fría y por fin tras varias semanas de auténtico frío invernal
había salido el reluciente sol; las vidrieras de los grandes edificios
proyectaban el azul casi turquesa que caracteriza a esta ciudad en los pocos
días al año en el que al dios sol de los celtas se deja ver la espalda. Y yo vi
tu espalda; y como no, me abalancé sobre ella. Una larga chaqueta, pero yo vi tu
espalda. Llevabas la capucha puesta, pero yo vi tu espalda. Siempre me recordó a
una de las gracias que pintó Annibale Carracci para la Galería Farnesio y por desgracia
durante la universidad tuvimos que hacer un proyecto sobre ella, cómo olvidar esa
maldita exaltación física de lo sobrehumano. Te pregunté.
sábado, 15 de noviembre de 2014
AQUARIUM
“Hubo
muchas contiendas tras la decadencia que provocó en nuestras vidas los cambios
alimenticios y vitales que creó el todavía recordado Dr. Pudovkin. La muerte tocaba
con sus frías manos a nuestras débiles puertas (siempre acompañada de los representantes
de las pequeñas provincias-estado que se crearon tras el abandono del mundo siperior).
Abajo nadie hacía por percibir el sufrimiento y las atrocidades que se estaban
cometiendo en el mundo terrestre. Arriba levantábamos nuestros rastrillos, hoces y guadañas en balde.”
Un
agricultor de Marsella
La luz que emitían los fondos oceánicos se podía contemplar desde la ya abandonada Estación Espacial Internacional que construyó el viejo país soviético en la órbita terrestre en el último tercio del S.XX. El brillo irradiaba parte de las aguas creando formas geométricas conectadas entre sí por finas líneas -las cuales resultan ser las autovías acuáticas modernas que conectan unas estaciones subacuáticas con otras-. La arquitectura que se desarrolló usaba el cristal y el metal como materiales principales, imitaba formas tomadas e inspiradas directamente de los templos orientales hindúes; bases finas muy estilizadas y habitáculos superiores dónde se desempeñaban las funciones diarias más rutinarias. Bajo las aguas hay grandes naves dónde se produce lo necesario para desarrollar la nueva sociedad; naves-escuela, naves-factoría, naves-comerciales… Todo lo que conocíamos trasladado a un ámbito atmosférico muy diferente.
La contaminación dejó de importar años atrás, nadie
mencionaba lo que ocurría en el mundo de arriba; la superpoblación que el
planeta vivía durante los principios del S.XXI dejó de ser un problema. El
oxígeno se produce de forma artificial aprovechando la base molecular de cierto
tipo de plantas acuáticas que solo crecen
en las fosas más profundas del Pacífico. Las placas tectónicas y chimeneas
volcánicas ofrecen la energía térmica necesaria para calentar e iluminar el
diseño del nuevo mundo subacuático.
sábado, 1 de noviembre de 2014
Huellas de mi ciudad.
Desde que el profesor Robert Pudovkin alteró la
naturaleza olfativa de las apariencias, el mundo que conocíamos dejó de existir.
En un principio hubo muchas disputas; grandes empresas de perfumes francesas se
lanzaron réplicas sobre el por que de aquellos principios tan básicos y que
nunca habían sido capaces de sintetizar. Restaurantes con sucursales a nivel
internacional dejaron de preparar sus
productos de manera tradicional y comenzaron a utilizar ingredientes
con formas insospechadas con anterioridad. Todos los productos se manipulaban.
En efecto, tras las investigaciones y descubrimientos que llevo a cabo el profesor
Pudovkin nació la conocida “Era del Gusto y el Olfato” que se extiende hasta
este día en el que apenas nada de lo que conocíamos existe.
domingo, 12 de octubre de 2014
Carta para un auxiliar social XIII
Eres un dolor de cabeza continuo, no aguanto más. Convivir contigo es como pasar el tiempo frente a un film infinito de Griffith. No hay duda, lo que fue divertido ahora es incompresible pues empiezo a ver lo realmente chalado que estás. Esto es insoportable Miki, ahora ya no quiero verte por las mañanas ni ofrecerte unas deliciosas tostadas de mermelada de moras. Se acabó el recoger tus hojas y el sacar a tu perro de casa. Recuerdo cuándo tú presumías de lo fácil que era una convivencia, cuándo el regresar de fiesta no era más que el comienzo de la aventura esperada… Pero ya no es así, ahora el mundo se me cae como si todo el planeta sufriese Lepra y tú no eres más que distancia y desconocimiento; un auténtico abismo al que me asomo y me devuelve la mirada paralizándome por completo. Te amo y te odio, directamente observo tu rostro pero siento esa maldita necesidad de apartar la vista. Ese superar la eterna cuesta del: “Podré subir, podré subir, podré subir…” pero que jamás muestra la nevada cima, un eterno buscar en el Jardín de las Hespérides. No. Ni yo soy Heracles ni tú eres califa de una taifa medieval hispánica. En esta senda ahora hay una bifurcación; por un lado el camino de la izquierda colinda con la peligrosa y protegida cerca de la monotonía y por el otro camino solo veo en el horizonte el gélido estanque de la incomprensión y la marginación.
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